- Daniel Fernando Murguía Jiménez
- 23 feb 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 29 mar 2020
Estimados, como ya muchos saben, continuamente comparto historias que para mí forman parte de una pasión desenfrenada por el arte gráfico, la pintura. Cada semana busco motivar a otras personas sobre la apreciación de nuevas formas de expresión que tiene nuestra moderna ciudad.
Por tanto, esta vez no será distinta a las demás. Realmente no me sorprende (ni en lo más mínimo) encontrar buenas obras en mi ciudad.
Una muestra de lo señalado es la obra de Himed y Reyben, ubicada en Donato Guerra casi esquina con Pedro Moreno, al lado de un estacionamiento del Centro Histórico de Guadalajara.

Igual que en los casos pasados, a mi parecer, la obra sirve como un brillante ejemplo que habla sobre lo que un muralista debe de hacer en cuanto a la concepción de una obra. Pues su composición está alineada y va acorde a la estructura del edificio.
Todo esto me lleva a suponer, el ladrillo con el que fue construido el muro ya estaba destinado para una pintura. O mejor aún, quizá el cemento y la pintura fueron mezclados al mismo tiempo, por eso se complementan, de más a menos como si fueran uno mismo.
Por otra parte, desde luego, yo al igual que Miguel Ángel Chávez Martín (2014) también creo que Himed y Reyben por medio de esta representación ponen de manifiesto el importante papel que juega la pintura mural en la invención de una cultura moderna de la ciudad.

En Esencia… incluso, esta gran obra puede ser útil para alimentar de estética a las nuevas generaciones que atraviesan por un proceso del uso de las nuevas herramientas, con actitudes, técnicas y energías renovadas.
Referencias:
Chávez Martín, M. A. (2014). Artistas y espacio urbano: la representación de la ciudad en el arte contemporáneo. Historia y Comunicación Social. Vol. 19. Núm. Especial Marzo. Págs. 277-288.






